Visita a la Fundación Infante de Orleans.
Como ya comentamos en nuestra crónica sobre el Imperial War Museum de Duxford, aquí en nuestro país, también disfrutamos de iniciativas que promueven la conservación de nuestro patrimonio aeronáutico, siendo una de estas, la Fundación Infante de Orleans, con sede en el madrileño aeropuerto de Cuatro vientos.
Su origen data de 1984 cuando una grupo de aficionados creó la Sección de Aviones Históricos dentro Aeroclub J.L. Aresti. Dicha iniciativa se consolidó mediante la constitución en 1989, de lo que hoy conocemos como la Fundación Infante de Orleans y que se autodefine como "colección de aviones antiguos en vuelo" y cuyo objetivo no es solo la de reunir la mas amplia colección de aviones con un papel destacado en el desarrollo de la aeronaútica española, si no, partricipar en todas aquellas acciones que sirvan para difundir la cultura aeronaútica española.
Es justo reconocer que el lugar elegido como base de operaciones, casa a la perfección con la filosofía de la Fundación, ya que el Aeropuerto de Cuatro Vientos, ostenta el título de ser "decano" de los aeropuertos españoles.
Sus orígenes se remontan a principios de 1911, cuando una comisión militar propone al Ministerio de la Guerra la adquisición de uso de terrenos en Cuatro Vientos para la instalación de una escuela de pilotos. Sus primeras instalaciones son dos hangares franceses de campaña "Bessonneau" que alojarán a dos Henri Farman y un Maurice Farman, biplanos todos ellos. En 1914 se acomete la construcción de su torre de mando, que hoy en día, la más antigua de España..
Como exponente de su importancia cabe nombrar que en 1918, comienza la construcción del Laboratorio Aerodinámico cuyo túnel aerodinámico se pone en servicio en 1926, siendo el más importante de los existentes en su época.
En febrero de 1936, se convierte en aeropuerto alternativo de Barajas y comienza a funcionar como aeropuerto nacional a todos los efectos.
Íntimamente ligada a la historia de Cuatro Vientos, y con quien comparte espacio, situándose al Este del mismo, está la de un aeródromo, de propiedad privada, creado en 1922 por Jorge Loring (hombre prominente en la aviación española e internacional de sus tiempos), y del que recibió su nombre, aunque también se le conocía como aeródromo de Carabanchel. Estando dicho aeródromo, bajo la dirección de Loring, fue elegido por la compañía aérea hispano alemana, "Iberia, Compañía Aérea de Transportes", como terminal de su ruta Madrid-Barcelona, principalmente por su proximidad a la capital, aunque el principal motivo de la adquisición del derecho se uso de los terrenos con opción de compra, opción que terminó ejerciendo, fue la de fundar una escuela de pilotos y una fábrica de aviones, para dar cumplimiento a los compromisos adquiridos en la adjudicación de contratos con el estado. Dicha fábrica fue Aeronaútica Internacional Sociedad Anónima, mas conocida por sus siglas; AISA. En 1936, estalla la Guerra Civil, y aunque acogido al derecho de asilo por parte de la embajada británica, Jorge Loring es fusilado en los muros de su fábrica
Durante la guerra, ambos aeródromos son utilizados conjuntamente como base de escuadrillas de caza y bombardeo del gobierno republicano, pasando a depender del Ministerio del Aire una vez concluida la contienda. En noviembre de 1947, se estableció el Real Aeroclub de España, RACE, y al que se cedieron en propiedad las instalaciones pertenecientes al antiguo Aeródromo Loring de Carabanchel. Dicha cesión se amplió en los años 1951 y 1952, año en el que se le cede también el uso gratuito del campo de vuelos, que linda al oeste con el campo de aviación militar y que dispone de una pista de 600 metros que comparte con éste.
En la década de los sesenta, con calificación tercera categoría, se establece la distribución que hoy conocemos. Una zona civil (pista pavimentada y zona sur del aeródromo) y militar (zona norte de la pista pavimentada), pasándose a denominarse oficialmente aeropuerto de Madrid-Cuatro Vientos, obteniendo en 1967 la clasificación de segunda categoría.
El porqué del nombre lo encontramos en la vida de S.A.R Don Alfonso de Orleans y Borbón, por sus condición de pionero de la aviación española, siendo el poseedor de la segundo Brevet de piloto aviador emitida por la Federación Aeronáutica Internacional, correspondiendo la primera, al también español, Benito Loygorri.
Volviendo a la fundación: El conjunto de modelos está permanente exposición en su sede d el aeródromo de Cuatro Vientos, cuyos detalles podéis encontrar en su página web, www.fio.es, pero si algo hace especial a la Fundación Infante de Orleans, es que se precia de poseer todo su inventario en vuelo, y de hecho lo hace para los aficionados el primer domingo de cada mes. Lejos de ser una sucesión de despegues, pasadas, y aterrizajes, es toda una fiesta aeronáutica, en las que hay acrobacias, vuelos en formación, pasadas, roturas, todo bajo las mayores estrictas medidas de seguridad...explicadas por un miembro de la Fundación, que describe todo lo que está aconteciendo, que siente el piloto, el porque de ese ruido, la dificultad de la maniobra... Espectacular!!!
Esta es la crónica de uno de esos domingos...
Como aliciente a un vuelo a Cuatro Vientos no se nos ocurre otro mejor, salvo por el pequeño inconveniente que supone encontrar hueco en plataforma, solucionable eligiendo bien la hora de llegada. En las primeras horas de la mañana las aeronaves allí basadas comienzan sus operaciones, dejando el necesario hueco en la plataforma. A parte de para poder encontrar sitio, no conviene demorar mucho la llegada, ya que el aeropuerto se cierra al tráfico aéreo el tiempo que dura la exhibición (Notam). Para paliar esta deficiencia de espacio de estacionamiento, actualmente se están acometiendo obras de ampliación de la plataforma.
A pesar de las dificultades aparcamos en un sitio privilegiado.
En nuestro caso fue un día de sol de justicia, prácticamente sin viento, lo que permitió que volase todo, exceptuando alguno cuyo motor no estaba del todo puesto a punto. No hay que olvidar que son piezas de museo, cuya edad exige de cuidados exhaustivos, no dejando nada al azar, que pueda destruir tan preciado y único trozo de historia. Estos aviones en su mayoría son de los llamados "patín de cola", diseño acorde con una época donde existían los "campos de vuelo", dehesas amplias donde se despegaba siempre con el viento de cara, soplase de donde soplase. Dicho diseño, se vuelve muy exigente en los aeropuertos actuales, donde la pista aún estado orientada, la mayoría de las ocasiones al viento dominante, se ve afectadas en ocasiones por vientos cruzados, cuya intensidad marcará la diferencia de volar o no volar para estos modelos.
Una vez estacionados en plataforma, hay que dirigirse al edificio terminal para salir del propio aeropuerto. Dando un corto paseo por la calle donde se muchas de las empresas que operan allí llegamos al chalet del RACE, accediéndose a la exposición de los modelos de la FIO por un lateral del mismo. Allí encontramos todo el material formando un amplio círculo donde el aficionado puede contemplarlos muy de cerca, observar cada detalle, fotografiarlos...
A cierta altura de la mañana un miembro de la fundación recorre la exposición parándose y describiendo cada modelo, su historia, su papel en España...
Llega la hora de poner los motores en marcha, el público abandona la plataforma reservada, y comienza el arranque de los motores, uno a uno, cada cual por sus medios...
Ya con todos los motores en marcha, parámetros en verde, realizados los preceptivos chequeos, se dirigen en sucesión a la cabezera de la pista en servicio, dejando de nuevo libre la plataforma que es tomada de nuevo por el público, para disfrutar sin aglomeraciones, y... empieza el show....
Para que la fiesta sea completa recomendamos un paseillo por la tienda donde adquirir algún recuerdo o camiseta y por supuesto, tomarse, como aperitivo al almuerzo, para el que se habrá hecho reserva en el restaurante del RACE, una hermosa y fresca cerveza sentados en uno de los veladores que montan, concretamente en el que hay sitio a la sobra de la cola de uno de los Caribou que allí están estacionados.
Tras el necesario reposo, y con la "fresquita" volvemos al avión para regresar a casa, quemados por el sol, pero con la satisfacción de haber presenciado un espectáculo único.
Decir por último que para el mantenimiento de la fundación, es fundamental nuestro papel como aficionados, haciéndonos socios protectores, con una módica aportación anual de 30 euros, y que es compensada de sobra por lo que se recibe a cambio.